Nueva York, una de las urbes más visitadas cada año, ha impactado al implementar una serie de restricciones significativas que han obligado a plataformas como Airbnb a retirar numerosos apartamentos destinados a estancias cortas, incapaces de cumplir con los nuevos requisitos. Entre ellos, destaca la obligación de que los propietarios ocupen los apartamentos durante las estancias temporales, y la prohibición de cerraduras en las puertas de las habitaciones, lo que hace que la opción de alquilar un apartamento con cierta privacidad bajo la modalidad de alojamiento turístico se convierta de repente en imposible.
La motivación detrás de estas medidas es controlar el turismo masivo en la ciudad, especialmente en áreas específicas donde la oferta (y la demanda) de alojamientos turísticos es tan alta que los turistas prácticamente toman el control de barrios enteros.
Aunque a primera vista podría parecer que esto no es un problema, sino más bien beneficioso debido a la inversión turística en el comercio local y en la ciudad en general, puede tener consecuencias negativas.